Mundial de Norteamérica 2026. Día 26
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El prematuro adiós a instancias de octavos significó el colofón de un proceso que apunta a seguir contracorriente en la búsqueda de un cambio drástico de la forma histórica de este país jugar e interpretar este deporte. Comienzo, medio y fin con terribles premoniciones que anunciaron este final.
Por Raúl Bretón
Noruega desnudó un equipo lleno de aberraciones que dio algunos efímeros momentos de entusiasmo durante la cómoda fase de grupos. Todo fue una mentira.
Octavos de final: Brasil 1 Noruega 2, México 2 Inglaterra 3. Noruega e Inglaterra avanzan a cuartos de final. Brasil y México se despiden. Hoy: Portugal vs España, Estados Unidos vs Bélgica.
"Mi mujer siempre se burla de mí por una cosa. Nos casamos y fuimos de luna de miel a Río. Al día siguiente de llegar la llevé al Maracaná a ver a Pelé, justamente. Mi luna de miel consistió en eso. Fue un Brasil-Alemania en el que Pelé metió dos goles", Mario Vargas Llosa, escritor peruano ganador del Premio Nobel de Literatura.
Siempre definió el fútbol empleando sólo dos adjetivos: emocionante y vacío. El amor del "escribidor" por el fútbol fue a primera vista en los campos de Lima. Jugador amateur, cronista en el Mundial de España En 1982 y director de cátedra del Real Madrid, equipo de sus amores.
El autor de "Conversación en la catedral" mantuvo durante su dilatada trayectoria como literato, un estrecho vínculo con el fútbol por medio de artículos, conferencias y entrevistas. Siempre resaltó que el fútbol tiene el poder de seducir al inteligente y el tonto, el culto y el inculto".
Tristeza não tem fim
Si. Hay tristezas que no tienen fin. En las calles y callejones de las favelas de Río de Janeiro saben muy bien sobre eso. Brasil ya no es Brasil. Muy atrás han quedado los malabares de los tiempos de Pelé y Garrincha, de Romario y Bebeto, de Rivaldo, Ronaldo y Ronaldinho.
El último heredero del ‘jogo bonito’, Neymar, se presentó al Mundial en su peor versión, quizás en el epílogo de una carrera en la él mismo decidió no ser lo que podía ser, por su amor a las fiestas, la vida loca y las constantes lesiones. Este Brasil paga el precio de un proyecto que comenzó mal cuando en la Confederação Brasileira decidieron ir tras un técnico como Ancelotti que representa la antítesis del ADN del fútbol carioca. Continuó mal durante el proceso de eliminatorias y partidos amistosos en donde jamás el italiano encontró la tecla para dar con un juego fluido y con un once ideal. Probó decenas de jugadores abrazando un pragmatismo infuncional y estéril.
El prematuro adiós a instancias de octavos significó el colofón de un proceso que apunta a seguir contracorriente en la búsqueda de un cambio drástico de la forma histórica de este país jugar e interpretar este deporte. Comienzo, medio y fin con terribles premoniciones que anunciaron este final. Noruega desnudó un equipo lleno de aberraciones que dio algunos efímeros momentos de entusiasmo durante la cómoda fase de grupos. Todo fue una mentira.
La realidad mostró que Ancelotti construyó un equipo carente de ataque, acéfalo de ideas en el medio campo y sin la profundidad de sus laterales. Caso contraproducente porque hablamos del Brasil pentacampeón, productor de los mejores laterales de todos los tiempos como Cafú, Dani Alves, Roberto Carlos y Marcelo. Del país que históricamente ha parido atacantes creativos y jugadores polivalentes del centro del campo.
El penal fallado por Bruno Guimaraes fue el presagio de una tarde de abundante pesimismo. Desde México 1986, ningún jugador brasileño erraba un lance de pena máxima. Vinicius intermitente, Endrick y su mano a mano desperdiciado ante la portería de Nyland fue el fehaciente ejemplo de que la próxima generación de supuestas estrellas aún no está y ni se le espera.
Sí, a Haaland le bastaron 10 minutos para dejar en evidencia a un Brasil que aún quiere vivir del fútbol pensando en lo que fue y no en lo que es. Hay razones sociológicas y económicas que explican esta debacle del fútbol que enamoró durante décadas a todo el mundo.

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