Leonel salvó al país
Por
VINICIO CASTILLO SEMAN
El presidente Leonel Fernández gobernó esta nación en el período
2004-2012, recibida en ruinas de manos de su antecesor Hipólito Mejía.
Fernández recibió un país con una inflación de un 60%; un dólar a más
del 50x1, una fuga masiva de capitales fruto de la falta de confianza de
los actores económicos; reservas en dólares negativas en el Banco
Central, en fin, una verdadera catástrofe económica y social.
En corto plazo el gobierno de Leonel Fernández logró recuperar el
peso dominicano, la confianza perdida, obteniendo un crecimiento
sostenido de hasta un 7% del PIB. Floreció la inversión extranjera
llegando a más de 15 mil millones de dólares en 8 años, con una bajísima
inflación, estabilidad del dólar y una impresionante y portentosa obra
de gobierno distribuida en todo el territorio de la República. Leonel
logró todo ello en medio de grandes tormentas económicas mundiales como
fue la crisis petrolera que llegó a situar el barril del crudo a 150
dólares en el 2008 y más tarde la crisis bancaria y financiera más
devastadora que recuerde la historia de la humanidad.
En el año 2011, producto de las secuelas de estas crisis mundiales y
del lastre heredado del desastre pepehachista, Leonel Fernández , bajo
un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, se vió en la necesidad
de restringir drásticamente el gasto de su gobierno en obras de interés
social, lo que provocó una enorme caída de la popularidad de su
gobierno, de él, de su partido y de su candidato presidencial Danilo
Medina, quien llegó a situarse 22 puntos por debajo de su rival Hipólito
Mejía en el segundo semestre del año 2011.
El presidente Fernández, al acercase el final del 2011 y la
conclusión del acuerdo con el FMI, tuvo que afrontar un dilema histórico
de cara al año 2012 y su proceso electoral del 20 de mayo. Tenía que
tomar una decisión trascendental para la suerte del país con las
siguientes opciones: 1) Renovar el Acuerdo con el FMI, manteniendo una
drástica reducción del gasto en la inversión pública, con lo cual
decretaría automáticamente la victoria segura y el regreso al poder de
Hipólito Mejía, el hombre que había destruido la nación en el cuatrienio
2000-2004, con lo cual hubiera sido acusado de alta traición a su
partido y de ponerle un “palo encebao” a Danilo Medina para que no
obtuviera la presidencia de la República; ó 2) No renovaba dicho Acuerdo
y daba luz verde para incrementar la inversión pública en toda la
geografía nacional, mejorando sustancialmente la aprobación de su
gestión, del PLD y de Danilo Medina, hoy Presidente de la República.
De esas opciones, Leonel Fernández escogió de forma acertada el
segundo escenario, lo que innegablemente produjo un aumento sustancial
del déficit proyectado para el año 2012, independientemente del generado
por el ancestral problema eléctrico, la caída en las recaudaciones y la
herencia de la crisis heredada del pepehachismo 2003-2004.
La decisión de Leonel fue histórica y valiente. El país no tiene ni
tendrá cómo pagar haber impedido a Hipólito Mejía y al PPH volver al
poder. Cabría preguntarse, ¿qué fuera hoy de este pobre país con una
prima del dólar a más de un 70x1, con una inflación de más de dos
dígitos, en medio de una masiva fuga de capitales, similar a la del
2003-2004? ¿Puede alguien en su sano juicio comparar los efectos
telúricos catastróficos que hubiera tenido la vuelta de la plaga
pepehachista, al costo de la reforma fiscal propuesta por el gobierno de
Danilo Medina para recaudar 53 mil millones de pesos? ¿Se puede el
lector imaginar la crisis política e institucional que estuviera hoy
sufriendo este país con un Hipólito en el Palacio Nacional, sin un
Senador y en minoría franca en la Cámara de Diputados, en una guerra a
muerte con el PLD en la oposición?
El que contesta estas preguntas desapasionadamente tiene que llegar a
la conclusión de que el aumento del déficit fiscal del 2012 producido
por un aumento en la inversión de obras públicas en el nivel de un 6%
del PIB, fue un mal mucho menor a lo que le hubiera pasado a este país
si lo hubiera agarrado de nuevo el fatídico PPH.
A la gente común, la misma perversa maquinaria mediática que
derrotamos el 20 de mayo, quiere confundirla tratando de decir que el
déficit es igual a hoyo y que el hoyo es igual a fraude. El problema de
estos profesionales de la mentira es que esa inversión pública de Leonel
Fernández en el 2012 se vio y se sintió provincia por provincia, en
todo el país. Y por eso, entre otras cosas, de manera fundamental está
Danilo Medina y su equipo de gobierno en el Palacio Nacional en el día
de hoy. Ese fue el dilema que se le presentó a Leonel y lo hizo bien,
aunque la vocinglería mediática que derrotamos junto al PPH y la mal
llamada sociedad civil quieran hoy crucificarlo. Esa inversión pública
salvó al país de caer en un abismo económico, social y político
irreversible.
Danilo Medina debe mandar la reforma al Congreso, saliéndose de la
celada que le ha tendido el famoso Consejo Económico y Social (CES) que
discute la propuesta de reforma fiscal, que ha pedido cuentas de cómo se
manejó el presupuesto de los últimos años de gobierno del PLD y Leonel
Fernández. Lo que se esconde detrás de esa jugada de índole claramente
política de los mismos grupos que derrotamos el 20 de mayo es tratar de
hacerle un juicio mediático al PLD y a Leonel Fernández, en procura de
desacreditar a éste como potencial candidato del año 2016 y destruir la
unidad interna del PLD.
A Danilo Medina, nuestro amigo y Presidente, que abra bien los ojos
para detectar quién o quiénes dentro de su gobierno pudieran estar
haciéndole el juego a los adversarios políticos de su partido. El PLD y
las fuerzas del Bloque Progresista, con el apoyo del 51% de la
población, son la base política de su gestión y atentar contra eso es
atentar contra su gobierno y su éxito como Presidente de la República.
Post a Comment