La enfermedad del rencor
Por
FAUSTO PIÑA BELLO
Una de las enfermedades más grandes es el rencor,
pues hace de la persona una presa difícil de curar. El rencor es:
“Resentimiento tenaz que se conserva de una ofensa,” Dicc. Pequeño
Larousse Ilustrado. Cualquier ofensa deja una herida emocional, que
afecta al individuo en todo sentido, por lo que, surge el rencor en él. La falta de un perdón hace que el rencor nazca en la persona, sin que ésta se dé cuenta; puesto que sutilmente la huella del dolor dejada mantiene activa la ofensa hecha en ella. Muchas de las desgracias que acontecerán en el futuro de esa persona estarán sujetas a ese rencor innecesario. El rencor eclipsa el futuro de la persona, en la relación social con la persona causante de la herida emocional, y aún con otras, que son ajenas a dicha ofensa.
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La pregunta que hay que hacerse es, ¿vale la pena mantener un rencor? No. Puesto que éste es infructífero y solamente ocupa un espacio, que puede ser utilizado por algo útil. En verdad el rencor no lo produce el causante, sino la misma persona que deja que ese sentimiento se apodere de ella. Vale señalar, el porqué guardar ese resentimiento, que en efecto no es más que una basura.
Los sacerdotes del judaísmo cometieron un grave error, al querer impedir la predicación del evangelio de parte de los apóstoles. Esto era, es y será imposible detener; no pudieron ocultar el éxito que tuvo Jesucristo sobre los planes de ellos, pues cada día la obra de éste se agigantaba más y más. Este éxito de Jesucristo causaba envidia y ofensa a ellos, por lo que, mataron a Jesucristo; no obstante él resucitó de entre los muertos al tercer día. La sangre de éste, generó en seguida miles de conversiones; y en los últimos tiempos, millones son seguidores de Cristo.
Luego lucharon contra los apóstoles, quienes asumieron la labor encargada por Jesucristo, como sucedió con Pedro y Juan que: “Hablando ellos al pueblo, vinieron sobre ellos los sacerdotes con el jefe de la guardia del templo, y los saduceos, resentidos de que enseñasen al pueblo, y anunciasen en Jesús la resurrección de los muertos. Y les echaron mano, y los pusieron en la cárcel hasta el día siguiente, porque era ya tarde. Pero muchos de los que habían oído la palabra, creyeron; y el número de los varones era como cinco mil.” Hc.1-4.
El rencor es más una frustración interna, que se origina debido a la cobardía de su presa, ya que la persona se dejó invadir por esa inquietante y molestosa situación. Enfrentarse a sí mismo, es la mejor solución para impedir que sea el blanco de ese enfermedad. La persona debe saber evitar que las ofensas se perpetúen en ella, haciendo que inmediatamente se descubre que existen, desaparezcan.
El pueblo de Israel, recibió una ley de su Dios, quien le dijo“No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo Jehová,” Lev. 19:18. Esto más que una ley, era una manera de mantener saludable la mente y corazón de ese pueblo. El rencor no soluciona nada, más bien empeora la situación. El rencor impide éxitos futuros del sujeto recipiente, como le sucedió muchas veces al pueblo de Israel, con los pueblos vecinos; y aún con su propio Dios, que la frustración del rencor guardado le impidió muchas bendiciones.
La ignorancia y la falta del conocimiento de Dios hacen posible que el rencor sea un refugio para algunas personas, pero éstas no se dan cuenta que en dicho refugio está su fracaso del presente y del futuro. Las cosas pasadas que han afectado negativamente, hay que buscarle una solución que quite el malestar, el enojo y el disgusto causado. El rencor guardado por personas ante situaciones reales y perjudiciales, han impedido que estas personas avance económica, intelectual, social, profesional, y religiosamente.
El rencor hace que Dios castigue a las personas, como en el caso de Edom, nombre dado a Esaú, y a sus descendientes, dice: “Así ha dicho Jehová: Por tres pecados de Edom, y por el cuarto, no revocaré su castigo; porque persiguió a espada a su hermano, y violó todo afecto natural; y en su furor le ha robado siempre, y perpetuamente ha guardado el rencor,” Am.1:11. El rencor le llevó a cometer estos actos pecaminosos, que denigraban su condición de criaturas de Dios.
Las personas debemos considerar a los demás como a sí mismo, para ayudarnos. Muchas actitudes propias son las causantes de enemistades, pleitos, y muertes; pues les echan la culpa a otros de su desgracia, cuando ellos fueron los causantes. No guarde rencor contra otros por su propio fracaso, pues debe buscar la manera de sobreponerse a su situación. Lamentarse y acusar a otros simplemente es perder tiempo.
Si alguien le ha causado un mal, se debe buscar la forma de superar ese mal, pero no guardar rencor. La ventaja del sabio, es saber sacar provecho a toda circunstancia, aun ante aquellas que aparentan ser, o lo son negativas. Guardar rencor es ponerse en mano del otro y dejar que sentimientos impuros vengan a usted. No se pase la vida deseándole mal alguien, que sido mezquino con usted, dañándole.
Una cualidad de Dios es el amor, pues Dios es amor. Si aprendemos a amar al prójimo, entonces no podremos guardar rencor, porque una cualidad del amor es que no guarda rencor. Pablo, el apóstol, escribió: “El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta,” I Co.13:4-7.
El que evita el rencor es sabio, más si por alguna razón, usted ha guardado rencor contra alguien, le invito a arrepentirse de ese pecado, y a buscar el perdón ante Jesucristo, quien murió para perdonar a los hombres sus pecados. Dios le ama, y manifiesta dicho amor perdonándole, puesto que dicha ofensa es contra otra criatura de Dios, a quien también Dios ama, y por quien Cristo murió. Dios le bendiga.
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