Ucrania organiza la resistencia y se prepara para una guerra larga
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ALBERTO ROJAS
Enviado especial
Leópolis (Ucrania)
Las milicias suman decenas de miles de miembros y Kiev pone estructuras públicas y privadas al servicio del esfuerzo bélico
El vampiro de la guerra reclama puntual su dosis de sangre joven. Ayer, en el centro de Leópolis, tres militares, apenas adolescentes que deberĆan estar en la universidad, volvieron a su casa en una caja de pino. Sus madres, conmocionadas, llevaban flores amarillas en su honor, el color de Ucrania.
El Estado ucraniano, desde su presidente al Ćŗltimo de sus miembros, comienza a entender que la supervivencia del paĆs que ellos quieren, con sus imperfectos aunque tangibles avances democrĆ”ticos, su independencia del yugo moscovita y su acercamiento a la Unión Europea, exigirĆ” enormes sacrificios. Los jóvenes reclutas son hĆ©roes hasta que se convierten en mĆ”rtires.
Los vecinos de aldeas y ciudades se arman y aprenden a disparar, las carreteras se han llenado de controles militares con barricadas y erizos de metal y los monumentos de las ciudades se cubren con sacos terreros, como La Cibeles en la Guerra Civil espaƱola. En Leópolis, la distante ParĆs del Este, cuya distancia de la frontera polaca es de tan sólo 80 kilómetros, han protegido ya las vidrieras de las iglesias con planchas de metal, suponiendo que tarde o temprano los bombardeos llegarĆ”n aquĆ. Si cae Kiev, Ć©sta serĆ” la nueva capital de la llamada "Ucrania libre". Puede que el resto del mundo crea que los rusos "van a ganar seguro". Ellos estĆ”n seguros de lo contrario y la moral permanece alta. Ucrania no va a vender cara su piel por recibir armas de Occidente, como defienden desde ciertos partidos en Europa contrarios a proporcionar esa ayuda. Esas armas sólo son un instrumento efectivo. Ayer Polonia se declaró lista para desplegar todos sus aviones MiG-29 de fabricación soviĆ©tica "de forma inmediata y gratuita en la Base AĆ©rea de Ramstein (Alemania) y ponerlos a disposición de EEUU", a cambio de que Washington proporcione "aviones usados con las capacidades operativas correspondientes", informa Carmen Valero. "El Gobierno polaco tambiĆ©n solicita a otros aliados de la OTAN -propietarios de aviones MiG-29- que actĆŗen en el mismo ", sostenĆa el Gobierno de Varsovia.
Pero mÔs allÔ de la ayuda extranjera Ucrania se defiende por propia y mayoritaria convicción de sus ciudadanos al precio que sea, tal es el miedo a volver al dominio de Moscú.
Ya nadie habla de partidos polĆticos porque ya no son necesarios. Concejales y diputados lideran la resistencia civil. Todo el mundo rema en la misma dirección. Los trabajos que no sean esenciales ya no se ejercen, pero todo el mundo trabaja mĆ”s que nunca en el objetivo comĆŗn: la resistencia. El diseƱador web elabora aplicaciones para recibir donaciones en criptomonedas. El asesor inmobiliario ofrece sus casas libres a los desplazados, aunque ya no cabe un alfiler en toda la región del Oeste. El restaurador monta una cocina en colaboración con la competencia. El esfuerzo de guerra va llegando a todas las capas de la sociedad.
Los cajeros dan dinero, aunque limitado y las gasolineras tienen combustible. Cuesta encontrar algunos alimentos pero lo bĆ”sico sigue estando disponible. Es decir, el Estado ucraniano sigue funcionando y no se han hundido ni su moneda ni su capacidad logĆstica.
Ya es el dĆa 14 de invasión aunque parezca que han pasado 14 meses: Kiev resiste y eso es una noticia impensable hace dos semanas. La gran columna de blindados que iba camino de la capital parece haberse puesto en marcha en las Ćŗltimas horas y se acerca a tiro de piedra del centro de la ciudad. No le serĆ” fĆ”cil tomarla. El combate urbano, si los rusos deciden ir al choque, puede ser muy sangriento y dejar muchas vĆctimas.
Los ucranianos recuperaron ayer, en camiones capturados, cientos de uniformes rusos de desfile con destino Kiev. Son los que pensaban usar para celebrar en la capital ucraniana si hubiera salido bien la frustrada Blitzkrieg de Vladimir Putin. Ahora les toca batirse en una guerra de ratas casa por casa, un tipo de enfrentamiento en el que siempre ganan los fabricantes de ataúdes. "Lucharemos hasta el final", dijo ayer por teléfono Zelenski a Boris Johnson.
Ese tipo de combate urbano ya se practica en la ciudad portuaria de Mariupol, donde aĆŗn resisten miles de civiles sin agua ni electricidad ni comida, helados de frĆo y sobreviviendo en sótanos. En el tercer intento de salida por el corredor humanitario llegó un nuevo bombardeo de Rusia, que sólo permite su fórmula de salida hacia su territorio, no hacia Ucrania. SĆ se respetaron, al menos durante unas horas, los corredores de Irpin y Sumi, que sĆ desembocan en territorio ucraniano. Miles de civiles abandonaron los asedios rusos en autobuses amarillos como las bandas de identificación de sus soldados. Estos dĆas llegan a Leópolis centenares de miles de refugiados de Jarkov, la segunda ciudad del paĆs, rusófona y orgullosa de su carĆ”cter mestizo. Igoy y Katia han encontrado acomodo en la casa de Roman, un empresario que ahora lleva y trae a periodistas en busca de historias. "Hemos tardado cinco dĆas desde Jarkov. Las carreteras han sido bombardeadas y hay que sortear los crĆ”teres de las bombas. Tampoco hay sitio para parar a dormir. Nosotros tuvimos que hacerlo en las piscinas de una sauna abandonada", cuenta Katia. Los vĆdeos que ellos mismos han grabado del bombardeo con misiles de crucero desde su oficina en el centro resultan estremecedores. "Han atacado mercados, hospitales, hasta un orfanato", dice Igor. "No podemos rendirnos ante ellos porque ya hemos visto de lo que son capaces", concluye.
Mientras que la marea de refugiados alcanza los dos millones, en una crisis sin precedentes desde 1945, los ucranianos siguen reparando material bélico capturado al enemigo, especialmente tanques T80. Le borran la Z de los laterales, le pintan una banda amarilla en el cañón y a dar guerra de nuevo.
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